Historias inspiradoras: Aprendiendo a perdonar

-Venga! Terminaros las patatas por lo menos, exclamó mi mama en la mesa.
Era un mediodía de Abril, un día fantástico de primavera. Me encantaba sentarme en la mesa, llena de comida hecha por mi madre, una excelente cocinera y llena de gente a la que quieres de corazón. Tenía 14 años por aquel entonces y mi hermano mayor también, su cumpleaños era el día siguiente. Había un mes al año que teníamos la misma edad, y yo solía aprovecharme en esas fechas de echárselo en cara. A mi lado estaba mi hermanita de 13 años, con su carita sonriente y llena de pequitas. Junto a ella estaba el pequeñín que, con solo 4 años, nos hacía reír constantemente con sus elocuentes salidas de lugar. El sabía perfectamente lo que nos hacía reír y aún lo conserva. Mi padre nos observaba con amor y se reía de nuestros locos comentarios adolescentes.

Sonó el timbre de la puerta y mi padre, fuerte y decidido, se levantó para abrir la puerta y sorprendido dijo:

-Qué haces aquí!

-Mira, es que necesito dinero ya mismo!!.

!Esa voz!!……..Contemplé a mi madre y pude notar, a la vez que yo mismo, un escalofrío recorriendo su espalda, como si un sentido más primitivo te recordara que el peligro está cerca, acechando. Entonces entró en la cocina y pude contemplar, una alma consumida por la oscuridad. No tenía que ver solo con el físico pero era como si un virus invisible intentara atacarnos. ¿Qué hacía allí esa persona ensuciando nuestro momento, nuestro entorno? El tener que defenderme interiormente me impedia sentir otro tipo de sentimiento.

-Mirá aquí no tengo los papeles vamos a mi oficina y yo hablaré con el contable para arreglar el problema! Nos vemos ahí!- le dijo mi padre acompañando a ese hombre hasta la puerta y despidiéndose. Mi padre se puso a reír al ver nuestras caritas de susto. Al ver que él sonreía yo me tranquilicé, pero no así mi madre que me pidió por favor que fuera con él. Yo le dije:
-Claro que sí, Mami!- orgulloso y más mayor.

La oficina estaba en una finca situada a varios kilómetros de nuestra casa. Al llegar saludamos a mis abuelos cariñosamente y fuimos hacia la oficina. Era muy pequeña, acristalada, con una sola entrada y poco espacio. Oí un coche que aparcaba y unos pasos que se acercaban. Ahí estaba el hombre. Mi padre le dijo que no encontraba su expediente y que volviera unas horas más tarde. Al hombre no le gustó mucho la idea pero se fue.

Al oir la puerta me tranquilicé pero de pronto oí unos pasos y apareció ese hombre con una escopeta de caza apuntando como un cobarde a mi padre en el pecho y diciendo con voz temblorosa:
-O me pagas o te mato!!- y disparó.

Como un trueno en día soleado sonó ese disparo y yo allí viendo ese cuerpo fuerte desvanecerse como un abrigo de invierno. Apuntándome en el pecho dijo:
-A tí no te voy a matar solo quería matar a tu padre! Un solo disparo….

Los perdigones no dieron solo al cuerpo de mi padre sino que llegaron a más gente, padres, mujer, hijos, família, amigos, etc. La pérdida de un ser querido es dura, muy dolorosa pero mi historia no es una historia triste. Es una história de perdón, de caer profundamente y levantarse de nuevo valientemente. Está llena de esperanza, de respuestas y es ante todo una historia de amor.

Después de gritar de odio e inseguridad y de pasar miles de noches con rabia decidí vivir. Sí, decidí vivir porque es lo que mi padre hubiera querido para mí sin duda. Ver una sonrisa en el rostro de un ser querido, aunque sea desde el otro lado, es lo que seguro deseaba para mí.

Una noche después de esa decisión personal soñé con mi padre. No fué largo, pero sí muy intenso, tanto que lo recuerdo todo perfectamente. No hablamos, simplemente nos abrazamos. Lloré y volví a sentir su amor….y que la decisión que había tomado era la correcta.

Primero limpié mi corazón concediendo el perdón a aquel hombre. Me liberé del odio, del rencor y de la venganza, salvándome así, de un mundo de oscuridad, de futuras enfermedades y soledad.

Mi padre ese día tenía una comida con su arquitecto, el cual canceló a última hora. De no haber cancelado, mi padre pudo haberse salvado del disparo. Pero no fue así. Tenía que pasar, por algún motivo y pasó por increíble que parezca, todo pasa por algún motivo, sin duda.

Más adelante aprendería que no existen los accidentes y nada ocurre por casualidad. Llegaron a mis manos libros como “Vida después de la Vida” del Dr.Moody y “Porqué vivimos después de la muerte” del sr. Steinbach y solo confirmaron que somos almas antes que cuerpos y que, amigo mío, la vida cobra sentido cuando entiendes que la muerte es solo un paso más, un cambio de ropa y que nosotros pertenecemos como almas a los mundos de amor y de luz.

Ser buenas personas, no dudar, dar pasos seguros de que tú, dentro de tí, sientes esa conexión. Que solo haciendo el bien a los demás y pensando en hacer el bien a los demás es la llave para ser feliz. Haciendo así felices a los demás, dejando de lado nuestro egoísmo innato, separándonos del resto del mundo. La verdad es que estamos conectados con todo lo que existe.

El otro día tuve el valor de empezar a dar más abrazos a mis hijos y a mi mujer sin importarme si me mira el vecino o si pensaran que me pasa algo. Sabeis que?…Abrieron su corazón. Ahora cambio hábitos porque me he propuesto dar, dar amor, escuchar y al dejar este mundo saber que he colaborado, o por lo menos lo he intentado, en hacer un mundo mejor.

Que estoy loco? Entonces decidme por qué me siento mejor, más ligero en mi camino y cada vez que me miro en el espejo me veo con una sonrisa. Decidme! A vosotros lo que leais esto os deseo de corazón que al mirar a la muerte la veais como lo que es, una transición. Que hay solución a cada problema que tengáis sin importar lo grande que lo veais. Levantaos, teneis el poder de cambiar vuestra realidad y ser felices.

Soís personas maravillosas y tenéis el derecho de ser felices. Hay que ser muy valiente para enfrentarse a uno mismo y cambiar a mejor. Deseo que encontreis esa fuerza dentro de vosotros y así encontréis el sentido de la vida y seáis felices.

Toni Pérez.

Ps: Hace menos de un mes me caí de la bicicleta y me rompí los dos brazos. Me tuvieron que operar 3 veces y no he dudado en absoluto de que era por una buena razón. Desde aquí y con los brazos rotos escribo mi historia recordando que los accidentes y las casualidades no existen ………..espero poder ayudar. Gracias por escucharme.

Edición de Diciembre 2010

diciembre

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