Lo insólito – El hombre al que no pudieron ejecutar
En la mañana del 23 de febrero de 1885, en Inglaterra, llevaron al prisionero John Lee a cumplir su sentencia en la horca. El hombre había sido acusado de matar de manera brutal a su jefa, Emma Ann Keyse.
El verdugo le colocó la bolsa blanca sobre la cabeza, lo guió hasta la puertecilla y colocó el lazo alrededor de su cuello.
Sin embargo, cuando el alguacil dio la orden de que se abriera la puertecilla debajo de los pies del prisionero, la misma permaneció cerrada.
Perplejos, los encargados movieron al prisionero y probaron la puertecilla nuevamente. Esta vez sí se abrió sin el menor problema.
Nuevamente trayeron a Lee, el alguacil dio la señal y nuevamente la puertecilla no se abrió. Entonces se lo llevaron nuevamente a la celda. El alguacil y el verdugo fueron entonces a probar una vez más. El verdugo se paró sobre la puertecilla y cuando jalaron el cerrojo, ésta se abrió sin ningún problema.
Entonces trajeron a John Lee. Otra vez lo prepararon, jalaron el cerrojo, otra vez la puertecilla no se abrió. El alguacil tuvo que contactar al secretario de estado y éste ordenó que se suspendiera la ejecución y se cambiara por cadena perpetua.
En los registros oficiales se dice que esta falla de la puertecilla se debió a que la lluvia causó que la madera se expandiera y por lo tanto no se abriera la puerta. Pero si fue así, ¿entonces por qué al verdugo sí se le abrió?
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