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Junto al mar: Capí­tulo 13

5 May 2010 1,975 views

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Capí­tulo 13
Como ya faltaban solo dos dí­as para irse a estudiar a la capital, Carolina fue al hotel por su cheque final. Ya habí­a puesto su renuncia hací­a dos semanas pero todaví­a no le habí­an liquidado sus últimas ganancias. Mientras esperaba que la secretaria le entregara su cheque, entró Sarah con dos de sus amigas.

-Sarah, no puedo creer que andes tan entusiasmada con un pobre pescador. De verdad que no lo creo.-

-Ay, es que tú no sabes. Es tan guapo y tiene unos músculos. Además toca guitarra y canta divino. Y eso sin contar que es super amigable y cortés.

Isauro. Estaban hablando de Isauro, no cabí­a la menor duda. Carolina sentí­a que su corazón estaba latiendo tan fuerte que lo iban a escuchar estas riquillas. No sabí­a si era por la cólera, los celos o por el solo hecho de escuchar la descripción exacta de aquel amor que estaba a punto de abandonar.

-Pues vas a tener que presentárnoslo porque suena lindo aunque sea para pasar el rato.-

-No, eso sí­ que no. El es solo para mí­. Nos la pasamos muy bien y estoy segura que le gusto. Y no pienso compartir su corazoncito con nadie!!-

Carolina estaba tan aturdida por las palabras de Sarah que la secretaria le tuvo que hablar tres veces para decirle que ya estaba el cheque.

-Disculpe, estaba distraí­da. Gracias por todo.-

-Que te vaya bien en la ciudad, buena suerte en tus estudios.-

-Gracias, buen dí­a-

Salió de ahí­ con el alma hecha pedazos. Las palabras de Sarah le martillaban la cabeza.

El es solo para mí­. Nos la pasamos muy bien y estoy segura que le gusto.
El es solo para mí­. Nos la pasamos muy bien y estoy segura que le gusto.
El es solo para mí­. Nos la pasamos muy bien y estoy segura que le gusto.

Con razón Isauro ya no la habí­a vuelto a buscar. No era por dignidad ni por orgullo masculino. El no era así­, de hecho mas bien a veces se pasaba de fresco. No la habí­a buscado porque ya no la querí­a. Seguramente estarí­a tan entusiasmado con Sarah como lo estaba ella con él. Sin embargo, al llegar a la cabaña, la esperanza de estar equivocada empezó a renacer.

-Te vino a buscar el hijo del Meño. Parece que querí­a que fueras a pescar con él-

-Y qué le dijiste, mamá?

-Que andabas en tus preparativos de última hora para tu partida a la ciudad-

-Voy a buscarlo-

Carolina fue corriendo a la cabaña de Isauro pero su papá le dijo que no estaba, que ya se habí­a ido a pescar.

-Diz que a pescar, porque seguramente está tocando la guitarra el muy vagabundo.-

-Está bien. Cuando llegue por favor le dice que lo vine a buscar.-

Mientras tanto, Isauro estaba mar adentro cantando sus penas. Le gustaba Sarah, sí­. Pero a Carolina la querí­a, la amaba. Lo curioso era que a pesar de ser Carolina de su misma condición social la veí­a mas inalcanzable que a Sarah. Pero esa tarde habí­a podido más su deseo de estar con ella que su promesa de no volver a buscarla.

De nada me sirvió irla a buscar. Mas bien una vez más me di cuenta que no ocupo el menor lugar en la vida de Carolina.

Con las redes vací­as y cansado de lamentarse decidió volver a la playa. Entró a la cabaña y su padre lo primero que le preguntó fue cuánto habí­a pescado. Al enterarse que nada, se enojó tanto que ni siquiera se acordó de decirle que Carolina lo habí­a venido a buscar. No fue si no hasta el dí­a siguiente en la tarde que se lo dijo…

Capí­tulo 14

Junto al mar
por Andreí­na Mendez
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Edición de mayo 2010

abril
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