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Junto al mar – Capí­tulo 16

6 August 2010 1,853 views

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Mientras se despedí­an, Marcus, el hermano de Sarah los observaba desde la recepción.

Así­ que ese pescador hediondo anda con mi hermana. Está muy equivocado si piensa que va a poder aspirar a ella.

De inmediato Marcus fue a buscar a su papá, el dueño del hotel, para decirle lo que acababa de ver. Don Fernando enfurecido salió a encontrarlos.

-Es el colmo del atrevimiento! -le dijo indignado a Isauro. -Los dejé que siguieran viviendo en las afueras del hotel pero eso no quiere decir que voy a dejarlos relacionarse con mis huéspedes y muchí­simo menos con mis hijos!!!!

-Disculpe señor, y-yo…

-Usted nada!!! Lárguese de aquí­ y dí­gale a todos sus vecinos los pescadores que ahora sí­ me van empacando todos sus cachivaches porque se van de mis tierras de inmediato.

-Papá! No puedes hacer eso! -protestó Sarah. -Nos encontramos en la playa y él simplemente tuvo la caballerosidad de venirme a acompañar.

Don Fernando no querí­a escuchar razones. El pensar que su hija podí­a relacionarse con un pobre pescador lo llenaba de ira. Sin embargo, después de varios intentos de Sarah por convencerlo que estaba cometiendo la peor injusticia de su vida, aceptó no echar a los pescadores. Pero con la condición de que Sarah nunca más en su vida se volviera a encontrar ni con Isauro ni con ningún otro de ellos. Sarah aceptó gustosamente pensando que después de un tiempo prudente lo irí­a a buscar a escondidas.

Isauro por su parte regresó a su humilde vivienda. Los dí­as se volvieron monótonos y llenos de desesperanza. Con el ofrecimiento de Sarah habí­a creí­do tener la oportunidad para salir adelante y ser exitoso. Ahora con la prohibición de acercarse a ella, su vida se limitaba al trabajo, la pesca y de vez en cuando, su guitarra.

Talvez es mejor así­. Aunque Sarah es muy bella y buena gente, yo le prometí­ fidelidad a Carolina. Además si Sarah me hubiera ayudado con lo de la música, me hubiera sentido comprometido con ella. Y yo a quien amo es a Carolina. Lo que tengo que hacer es dejar de andar tristeando como un estúpido perdedor y llenarme de coraje y valor para salir adelante.

Desde ese dí­a Isauro decidió tomar el control de su vida. Se dedicó a pescar con tal furia que se convirtió en el abastecedor principal de pescado para la pescaderí­a del pueblo. Aunque terminaba de pescar hasta la madrugada, se levantaba muy temprano para ir a las clases de bachillerato por madurez. Los dí­as se convirtieron en semanas, las semanas en meses y los meses en años.

Hací­a dos años ya que Carolina se habí­a ido para la capital.

Cómo estará Carolina, se preguntaba Isauro. Sólo escribió los primeros meses y ya no volvió a escribir más. Y en su última carta me liberó de la promesa de serle fiel. Será que se encontró un novio, algún estudiante de ciencias polí­ticas como ella.

A pesar de haber terminado con Carolina, Isauro no se habí­a hecho de otra novia. Habí­a salido con algunas muchachas pero todaví­a no encontraba una muchacha que le gustara tanto como le habí­a gustado Carolina. La recordaba caminando por la playa, el viento jugando con su cabello. Todaví­a la querí­a…

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por Andreí­na Mendez

Edición de Agosto 2010

agosto
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