Junto al mar – Capítulo 7
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Al salir del colegio al día siguiente, Carolina se fue para el hotel. Tenía muchos deseos de pasar la prueba para que le dieran el trabajo. La secretaria le indicó donde debía de ir para que le dieran un uniforme y las instrucciones de lo que debía hacer.
Margarita Luján era la encargada de las mucamas. Era una mujer seria y de pocas palabras. Le indicó a Carolina lo que debía hacer y la llevó a la primera cabina que debía limpiar.
-Si necesitas algo más, me puedes ir a buscar.-
-Sí, gracias- contestó Carolina que tampoco era de ponerse a comadrear.
La tarde transcuyó sin incidentes. Al final del día, el jefe de personal contrató formalmente a Carolina. Todo habría salido a la perfección si no hubiera sido porque cuando iba saliendo de la oficina se topó con el mismo pesado del día anterior.
-Buenas tardes, señorita- dijo el chico burlonamente. -Eres la nueva mucama, no?-
Carolina sabía que este impertinente era algo del dueño del hotel por la confianza con la que se había portado frente a él. No quería buscarse problemas en su primer día de trabajo por lo que trató de actuar civilizadamente.
-Así es, joven. ¿Se le ofrecía algo? Ya salí de mi turno pero si necesita algo, con mucho gusto le puedo ayudar.-
-Wow, qué buen servicio hay aquí!! No creas, yo también soy bien buena gente jaja. No, ya en serio, mi nombre es Marcus, mi papá es el dueño del hotel.-
Cruzaron unas cuantas palabras más y cada quien siguió su rumbo.
Camino a su casa, Carolina no pudo evitar hacer comparaciones entre Isauro y Marcus. La verdad Marcus no era tan pesado como había pensado al principio. Pero por otro lado, Isauro tenía esa madurez de un chico que había tenido que vencer los obstáculos de la vida desde niño. Y ese coraje y deseo de luchar eran cualidades de Isauro que ella encontraba muy atractivas. Además de sus ojos, su cabello salvaje, sus hombros fuertes…
Ahora que casi no lo veía se daba cuenta cuánto le gustaba estar con él. Recordaba cuando Isauro la iba a recoger al liceo, cuando la invitaba a pescar, aquella vez que decidieron caminar por la playa sin rumbo, solo para ver qué tan lejos podían llegar…
-¿Cómo te fue en tu primer día de trabajo?-
Al oír la voz de Isauro, Carolina sintió una combinación de nervios y felicidad.
-Me fue mejor de lo que pensé. Creo que sí voy a poder hacer ese trabajo- le contestó sonriendo.
-Te gustaría ir a pescar conmigo. Aunque si estás cansada o si tienes algo que hacer yo compren…-
-Sí! Sí, puedo,- contestó Carolina demasiado rápido tanto que sintió que la cara se le enrojecía.
Isauro solo la miró sonriendo.
-Nos vamos entonces?-
Navegaron en silencio un rato. Pero no era un silencio incómodo sino mas bien el silencio de dos personas que se sienten bien de estar juntas.
-¿Has seguido componiendo canciones?- preguntó Carolina al notar que Isauro no había traído su guitarra.
-Jmmm, casi no. No he tenido inspiración. Con eso que ya casi no te veo…
Carolina no supo qué contestar a eso pero no tuvo necesidad de pensar en algo que decir ya que Isauro se acercó mucho y añadió:
-Carolina, yo sé que no te gusta que te diga ésto, pero yo te quiero. Te quiero y ya no puedo ocultarlo, no quiero ocultarlo.
-Oh Isauro, yo también te quiero-
No soportaron más. La oscuridad de la noche, la ténue luz de la lámpara de gas, la tranquilidad del mar, el amor intenso que existía en sus corazones. Se abrazaron y se besaron con desesperación.
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