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Junto al mar – Capí­tulo 7

1 November 2009 2,389 views

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Al salir del colegio al dí­a siguiente, Carolina se fue para el hotel. Tení­a muchos deseos de pasar la prueba para que le dieran el trabajo. La secretaria le indicó donde debí­a de ir para que le dieran un uniforme y las instrucciones de lo que debí­a hacer.

Margarita Luján era la encargada de las mucamas. Era una mujer seria y de pocas palabras. Le indicó a Carolina lo que debí­a hacer y la llevó a la primera cabina que debí­a limpiar.

-Si necesitas algo más, me puedes ir a buscar.-

-Sí­, gracias- contestó Carolina que tampoco era de ponerse a comadrear.

La tarde transcuyó sin incidentes. Al final del dí­a, el jefe de personal contrató formalmente a Carolina. Todo habrí­a salido a la perfección si no hubiera sido porque cuando iba saliendo de la oficina se topó con el mismo pesado del dí­a anterior.

-Buenas tardes, señorita- dijo el chico burlonamente. -Eres la nueva mucama, no?-

Carolina sabí­a que este impertinente era algo del dueño del hotel por la confianza con la que se habí­a portado frente a él. No querí­a buscarse problemas en su primer dí­a de trabajo por lo que trató de actuar civilizadamente.

-Así­ es, joven. ¿Se le ofrecí­a algo? Ya salí­ de mi turno pero si necesita algo, con mucho gusto le puedo ayudar.-

-Wow, qué buen servicio hay aquí­!! No creas, yo también soy bien buena gente jaja. No, ya en serio, mi nombre es Marcus, mi papá es el dueño del hotel.-

Cruzaron unas cuantas palabras más y cada quien siguió su rumbo.

Camino a su casa, Carolina no pudo evitar hacer comparaciones entre Isauro y Marcus. La verdad Marcus no era tan pesado como habí­a pensado al principio. Pero por otro lado, Isauro tení­a esa madurez de un chico que habí­a tenido que vencer los obstáculos de la vida desde niño. Y ese coraje y deseo de luchar eran cualidades de Isauro que ella encontraba muy atractivas. Además de sus ojos, su cabello salvaje, sus hombros fuertes…

Ahora que casi no lo veí­a se daba cuenta cuánto le gustaba estar con él. Recordaba cuando Isauro la iba a recoger al liceo, cuando la invitaba a pescar, aquella vez que decidieron caminar por la playa sin rumbo, solo para ver qué tan lejos podí­an llegar…

-¿Cómo te fue en tu primer dí­a de trabajo?-

Al oí­r la voz de Isauro, Carolina sintió una combinación de nervios y felicidad.

-Me fue mejor de lo que pensé. Creo que sí­ voy a poder hacer ese trabajo- le contestó sonriendo.

-Te gustarí­a ir a pescar conmigo. Aunque si estás cansada o si tienes algo que hacer yo compren…-

-Sí­! Sí­, puedo,- contestó Carolina demasiado rápido tanto que sintió que la cara se le enrojecí­a.

Isauro solo la miró sonriendo.

-Nos vamos entonces?-

Navegaron en silencio un rato. Pero no era un silencio incómodo sino mas bien el silencio de dos personas que se sienten bien de estar juntas.

-¿Has seguido componiendo canciones?- preguntó Carolina al notar que Isauro no habí­a traí­do su guitarra.

-Jmmm, casi no. No he tenido inspiración. Con eso que ya casi no te veo…

Carolina no supo qué contestar a eso pero no tuvo necesidad de pensar en algo que decir ya que Isauro se acercó mucho y añadió:

-Carolina, yo sé que no te gusta que te diga ésto, pero yo te quiero. Te quiero y ya no puedo ocultarlo, no quiero ocultarlo.

-Oh Isauro, yo también te quiero-

No soportaron más. La oscuridad de la noche, la ténue luz de la lámpara de gas, la tranquilidad del mar, el amor intenso que existí­a en sus corazones. Se abrazaron y se besaron con desesperación.

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