Mini romance: Una nueva ilusión
María Elisa miraba nostálgica la nueva ciudad con sus ojos húmedos y enrojecidos por el llanto. Sabía que no podía hacer nada para resolver su problema. Era una adolescente de tan solo diecisiete años la cual dependía absolutamente de la decisión que sus padres tomaran con respecto a ella. Había vivido toda su vida, hasta hacía unas pocas semanas, en un pueblito rural en Boston, y ahora, dieciseis años mas tarde su padre había decidido retirarse y trasladarse junto a su familia a vivir en Fresno, California.
María Elisa había dejado atrás a su novio de casi dos años y a todas sus amigas de la infancia. Sabía que el lunes entraría a la mejor escuela privada de aquella ciudad y eso la llenaba de ansiedad. Para hacer su vida un poco más placentera sus padres le habían regalado un auto deportivo. Sin embargo a María Elisa aquel auto no era algo que la ilusionaba en lo absoluto. Ella pensaba constantemente en su vecindario, su novio Federico, y sus amigas Teresa y Sabrina. Todo aquello se encontraba a miles de millas de donde ella se encontraba hoy.
Ensimismada en sus pensamientos como se encontraba aquella tarde no escuchó cuando su madre abrió la puerta. Beatriz de Soto sabía que su hija estaba sufriendo, la conocía demasiado para no darse cuenta. Quiso distraerla pidiéndole el favor que fuera al supermercado que se encontraba cerca de su casa a comprar algunos víveres para la cena. Entrando en su habitación posó su mano suavemente sobre el hombro de su hija. María Elisa amaba a su madre entrañablemente sin embargo se encontraba un poco resentida por la decisión tomada por sus padres y apenas alzó su cabeza. Sin discutir ni resongar hizo lo que su madre le había pedido.
Sin mirar a ningún lado, entró en aquella tienda como una autómata y tomó los vegetales y algunos alimentos enlatados y muy de prisa se dirigió a la cajera. Puso sus cosas sobre el mostrador y de pronto se encontró con la mirada de un jóven pelirrojo que la miraba fijamente. María Elisa se sonrojó ante la mirada insistente de aquel muchacho, el cual sin darse mucha cuenta le había llamado la atención.Â
No se explicaba como pero desde aquella primera vez, María Elisa se había ofrecido diariamente a realizar cualquier encomienda que su madre le diera, cuando dicha encomienda estaba relacionada con ir de compras a aquella tienda. Pasaron varios días semanas quizás y María Elisa no vió mas a aquel jóven que había cautivado su corazón. Cierto día cuando ella entró se dió cuenta que el muchacho se encontraba trabajando aquel día. Trato de ignorarlo, pero sus mejillas sonrojadas la delataron.Â
Nerviosamente, María Elisa tomó unas cuantas bolsas para empacar sus vegetales y la carne que había comprado aquel día. Quería salir pronto de aquel lugar pero no le fue posible. Las manos de aquel joven se habían apoderado de los víveres y apresuradamente los empacaba. María Elisa, le dió las gracias y salió de la tienda. Cuando llegó a su casa y sacó los víveres, se fijó que en el recibo había pintado un corazón y a su lado había un letrerito que decía así. “Eres la muchacha mas dulce y linda que jamás había conocidoâ€. María Elisa contempló el recibo y sonrió llena de felicidad. Un nuevo amor llegaba a su vida y no sabía como pero aquel muchacho había cautivado su corazón.Â
El lunes en la mañanita se levantó ilusionada, se puso su uniforme y se dirigió a la parada del bus escolar. Cuando volviera, pensaba María Elisa, le preguntaría a su mamá si se le ofrecía algo de aquella tienda que se había convertido en el cofre que guardaba su corazón. Entró a la escuela y se dirigió a los lockers para guardar sus libros. Cuando levantó su vista se encontró de repente con aquellos ojos verdes que la habían cautivado. Por primera vez después de varios meses de melancolía, se sentía llena de felicidad y nuevas ilusiones. Su vida pasada había quedado atrás y su corazón ahora le pertenecía a alguien más, a la persona que ella creía era el gran amor de su vida.Â
Autora: Sonia Brenes Fernández
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