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Mini romance: Una nueva ilusión

14 July 2009 2,047 views

Marí­a Elisa miraba nostálgica la nueva ciudad con sus ojos húmedos y enrojecidos por el llanto. Sabí­a que no podí­a hacer nada para resolver su problema. Era una adolescente de tan solo diecisiete años la cual dependí­a absolutamente de la decisión que sus padres tomaran con respecto a ella. Habí­a vivido toda su vida, hasta hací­a unas pocas semanas, en un pueblito rural en Boston, y ahora, dieciseis años mas tarde su padre habí­a decidido retirarse y trasladarse junto a su familia a vivir en Fresno, California.

Marí­a Elisa habí­a dejado atrás a su novio de casi dos años y a todas sus amigas de la infancia. Sabí­a que el lunes entrarí­a a la mejor escuela privada de aquella ciudad y eso la llenaba de ansiedad. Para hacer su vida un poco más placentera sus padres le habí­an regalado un auto deportivo. Sin embargo a Marí­a Elisa aquel auto no era algo que la ilusionaba en lo absoluto. Ella pensaba constantemente en su vecindario, su novio Federico, y sus amigas Teresa y Sabrina. Todo aquello se encontraba a miles de millas de donde ella se encontraba hoy.

Ensimismada en sus pensamientos como se encontraba aquella tarde no escuchó cuando su madre abrió la puerta. Beatriz de Soto sabí­a que su hija estaba sufriendo, la conocí­a demasiado para no darse cuenta. Quiso distraerla pidiéndole el favor que fuera al supermercado que se encontraba cerca de su casa a comprar algunos ví­veres para la cena. Entrando en su habitación posó su mano suavemente sobre el hombro de su hija. Marí­a Elisa amaba a su madre entrañablemente sin embargo se encontraba un poco resentida por la decisión tomada por sus padres y apenas alzó su cabeza. Sin discutir ni resongar hizo lo que su madre le habí­a pedido.

Sin mirar a ningún lado, entró en aquella tienda como una autómata y tomó los vegetales y algunos alimentos enlatados y muy de prisa se dirigió a la cajera. Puso sus cosas sobre el mostrador y de pronto se encontró con la mirada de un jóven pelirrojo que la miraba fijamente. Marí­a Elisa se sonrojó ante la mirada insistente de aquel muchacho, el cual sin darse mucha cuenta le habí­a llamado la atención. 

No se explicaba como pero desde aquella primera vez, Marí­a Elisa se habí­a ofrecido diariamente a realizar cualquier encomienda que su madre le diera, cuando dicha encomienda estaba relacionada con ir de compras a aquella tienda. Pasaron varios dí­as semanas quizás y Marí­a Elisa no vió mas a aquel jóven que habí­a cautivado su corazón. Cierto dí­a cuando ella entró se dió cuenta que el muchacho se encontraba trabajando aquel dí­a. Trato de ignorarlo, pero sus mejillas sonrojadas la delataron. 

Nerviosamente, Marí­a Elisa tomó unas cuantas bolsas para empacar sus vegetales y la carne que habí­a comprado aquel dí­a. Querí­a salir pronto de aquel lugar pero no le fue posible. Las manos de aquel joven se habí­an apoderado de los ví­veres y apresuradamente los empacaba. Marí­a Elisa, le dió las gracias y salió de la tienda. Cuando llegó a su casa y sacó los ví­veres, se fijó que en el recibo habí­a pintado un corazón y a su lado habí­a un letrerito que decí­a así­. “Eres la muchacha mas dulce y linda que jamás habí­a conocido”. Marí­a Elisa contempló el recibo y sonrió llena de felicidad. Un nuevo amor llegaba a su vida y no sabí­a como pero aquel muchacho habí­a cautivado su corazón. 

El lunes en la mañanita se levantó ilusionada, se puso su uniforme y se dirigió a la parada del bus escolar. Cuando volviera, pensaba Marí­a Elisa, le preguntarí­a a su mamá si se le ofrecí­a algo de aquella tienda que se habí­a convertido en el cofre que guardaba su corazón. Entró a la escuela y se dirigió a los lockers para guardar sus libros. Cuando levantó su vista se encontró de repente con aquellos ojos verdes que la habí­an cautivado. Por primera vez después de varios meses de melancolí­a, se sentí­a llena de felicidad y nuevas ilusiones. Su vida pasada habí­a quedado atrás y su corazón ahora le pertenecí­a a alguien más, a la persona que ella creí­a era el gran amor de su vida. 

Autora: Sonia Brenes Fernández

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