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Mini romances: El faro

14 July 2009 3,883 views

Estimado Señor O’Shaughnessy:

Logré localizar a Sarah en el Cabo Hatteras. efectivamente huyó hacia su padre, el guardador del faro. Y sí­ estaba embarazada. Desafortunadamente, le tengo malas noticias. Sarah murió dando a luz a una niña a la cual llamaron, Blue.

Blue O’Shaughnessy arrugó la carta que leí­a por milésima vez. Cerró los ojos y dos lágrimas se deslizaron por sus mejillas. Todos estos años su padre le habí­a dicho que su madre habí­a sido una señora de la alta sociedad y habí­a muerto en un accidente de auto cuando Blue tení­a dos años de edad. Pero ahora se daba cuenta que toda su vida habí­a sido una mentira.

No le molestaba que su madre en realidad hubiera sido una muchacha humilde. Lo que le molestaba era la mentira de su padre. Probablemente hasta el significado de su nombre era mentira. Su padre le habí­a dicho que su madre la habí­a llamado Blue por sus ojos azules. Pero ahora, después de haber leí­do esta carta se daba cuenta que probablemente su nombre significaba tristeza y no tení­a nada que ver con lo azul de sus ojos.

faroAl principio no habí­a querido creerlo. Aunque la carta iba dirigida de una agencia de investigación privada a su padre, habí­a querido creer que se trataba de otra persona, otro asunto. Pero era imposible negarlo, la fecha de la carta coincidí­a con su fecha de nacimiento. Su confirmación vino cuando vió la mirada de terror en los ojos de su padre cuando ella le enseño la carta. Nisiquiera habí­a podido explicarle nada. Los ojos del respetado doctor se habí­an llenado de lágrimas y habí­a roto en llanto, suplicándole su perdón.

Por supuesto Blue, que no pudo soportar una traición tan dolorosa, habí­a salido corriendo como seguramente lo habí­a hecho su pobre madre 20 años atrás. No se habí­a llevado con ella nada. Sólamente la cartera con los $100 que le acababa de pagar su padre por ayudarlo en el consultorio.

Al principio no sabí­a donde ir. Pero ahora al frente de la ventanilla del puerto habí­a hecho su decisión. Irí­a al Cabo Hatteras y se reunirí­a con su abuelo, el guardador del faro.

Talvez porque el barco habí­a salido a las tres de la mañana, pero solo iban Blue y tres pasajeros más.

Llevaban una hora y media navegando y ya se acercaban al cabo, cuando se desató una tormenta. Las olas azotaban el vulnerable barco como si estuviera hecho de papel.

-TODOS LOS TRIPULANTES PONGANSE LOS SALVAVIDAS!!!!!- ordenó el capitán.

Por primera vez desde que salió de su casa, Blue se arrepintió de haberse ido. Deberí­a haber pensado mejor las cosas y esperado a que su papá le diera una explicación de lo sucedido. Fuera lo que fuera su padre había sido bueno y merecía su perdón.

Pero no. Su abuelo era el único que le dirí­a la verdad. Si es que llegaba al cabo y no perecí­a en altamar.

Mientras tanto en el faro Don Abel y John, su ayudante, corrí­an para arriba y para abajo llevando aceite para mantener el faro iluminando la ruta del atribulado barco.

-JOHN! LA LINTERNA Y LA MALETA DE PRIMEROS AUXILIOS!!- gritó Don Abel que, aunque viejo, todaví­a desempeñaba su labor con gran valentí­a y fuerza.

Dos horas después Don Abel y John rescataban a los cuatro sobrevivientes del naufragio. Cuando Blue despertó lo primero que vió fué la cara sonriente de John.

-¿Quién es usted?- preguntó desconfiadamente. -

-Me llamo John y soy el ayudante de Don Abel, el guardador del faro. Como te darás cuenta, el barco en el que vení­as naufragó y nosotros los rescatamos.-

-¿Don Abel? ¿Dónde está?- aún aturdida por los eventos, se acordó del propósito de su viaje.

-Está atendiendo a los otros sobrevivientes. Pero si le quieres dar las gracias me las puedes dar a mí­ porque yo fuí­ el que te rescaté a tí­.-

-Oh! Disculpe, muchas gracias. Pero esque me urge hablar con el señor Abel. ¿Dónde está?- dijo Blue que ya se estaba empezando a sentir incómoda con la mirada penetrante del apuesto jóven que decí­a haberla rescatado.

-¿Cómo te llamas?- dijo John sin hacer caso a la insistencia de Blue en conocer a Don Abel.

-Mi nombre es Blue. Pero en realidad necesito hablar con Don Abel- Ya no sabí­a si porque querí­a resumir con el motivo de su viaje o porque la voz gentil y sonrisa delicada de John iban a lograr que se sonrojara en cualquier momento.

-No se porqué, pero las cosas más hermosas que he conocido en la vida son azules- dijo John. Y después casi en un susurro continuó…

-El mar, el cielo, tus ojos…-

Esto era demasiado para Blue que, apesar de que contaba con 19 años de edad, era muy inexperta en las cosas del amor. Siempre pensó que nunca se enamorarí­a. Estaba muy metida en sus estudios. Pero ahora frente a este jóven experimentaba en carne propia lo que nunca habí­a aprendido en la escuela. Amor a primera vista.

De pronto se apareció Don Abel.

-Señorita, el helicóptero de rescate está esperándola afuera-

Deseó con todo su corazón que su abuelo la reconociera por el parecido con su madre. Pero talvez eso era otra mentira de su padre.

-No puedo irme- dijo Blue. -Tengo que hablar muy seriamente con usted-

De pronto los ojos de Don Abel se llenaron de lágrimas y con voz temblorosa preguntó:

-¿B-Blue?-

-Sí­ abuelo, soy Blue-

El dolor en la mirada del viejo por un triste pasado que sólo él conocí­a, conmovió a Blue, quien se acercó para abrazar a Don Abel que lloraba como un niño.

Pasaron tres dí­as. Don Abel le contó a Blue toda la verdad sobre su pasado. La común historia entre un hombre rico y una muchacha pobre e ingenua. Sarah, a la que nunca le habí­a gustado la soledad del faro, se habí­a ido a la ciudad. El Doctor O’Shaughnessy le habí­a ofecido trabajo en su casa y la habí­a seducido. Al darse cuenta que Sarah habí­a fallecido y del nacimiento de Blue, el doctor se habí­a aprovechado de sus conecciones sociales y le habí­a quitado a Don Abel lo único que le habí­a quedado de su hija, a Blue.

Sin embargo Don Abel, que ya habí­a hecho las paces con Dios, ya lo habí­a perdonado y después de muchas conversaciones, habí­a convencido a Blue de que lo perdonara y volviera a su hogar. Blue ya habí­a perdonado a su padre, pero ahora tení­a otro problema. En el tiempo que habí­a estado en el faro se habí­a enamorado de John, un muchacho serio y trabajador que, aunque era un muchacho cortés y respetuoso, no podí­a ocultar que estaba enamorado de Blue.

Blue salió a dar un paseo por la playa. En los últimos dí­as, su vida habí­a tenido la acción que no habí­a tenido en años. John se le acercó y le dijo:

-En estos dí­as que has estado aquí­, has traí­do vida a este faro. Nunca viene nadie interesante por aquí­. Te voy a extrañar mucho.-

Ninguno de los dos dijeron nada más. Sólo se quedaron mirándose por un momento. De pronto el silencio fué interrumpido por el ruido y el viento de un helicóptero. Un policí­a se deslizó por un mecate.

-Señorita Blue O’Shaughnessy, tiene que acompañarnos. Su padre la está esperando en el puerto-

Después de despedirse de Don Abel, Blue miró a John y le dijo:

-Me voy pero volveré.-

Habí­a venido en busca de su pasado y habí­a encontrado su primer amor.

Autora: Andreína Mendez

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One Comment »

  • Aannahi dijo:

    Algo sentrifugo :O
    haha me parecio algo rapido de explicar, pero al fin y al cabo; lindo.

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