Mini romance: En un molino
Todos los días la veía pasar al molino y la admiraba. Su cabello largo y oscuro revoloteaba juguetonamente con el viento. Su figura esbelta no por dietas sino por el duro trabajo que representaba ser una mujer de pueblo con dos hijos. Michelle era una mujer remarcable y Jonathan lo sabía. ¿Cómo ignorarlo si había sido su esposa por cinco años.
Todo había empezado cuando Jonathan, cansado de ser hijo de un noble, había decidido experimentar lo que se sentía ser plebeyo. Siempre fué muy compasivo y nunca estuvo de acuerdo con la opresión del rey. Por eso cuando cumplió 30 años de edad decidió renunciar al palacio para vivir en el pueblo un tiempo y cuando tomara su puesto en la corte real, poder ayudarlos.
Con éste noble pensamiento se había dirigido a un pueblillo hacía ya siete años. Todo había marchado bien hasta que conoció a Michelle. La primera vez que la vió quedó prendado de ella pensando que ni en el palacio había conocido jóvenes tan hermosas. Desde ese momento la había empezado a cortejar sin medir las consecuencias. Cuando se dió cuenta de lo que estaba haciendo ya era muy tarde pues ya se habían casado.
En varias ocasiones Jonathan había tratado de dejarla a pesar de lo mucho que la amaba y de lo feliz que eran. Pero no había podido. Primero lo había atado el gran amor que sentía por ella, después su primer hijo. Con el nacimiento de su hijo, Jonathan había decidido olvidar su pasado y su posición en el palacio, después de todo nunca había sido tan feliz. Pero cuatro años después, cuando nació su segundo hijo, esta vez una niña, decidió que era hora de marcharse. La razón que tuvo fué el ver sufrir a su familia. Estando Michelle recién mejorada, fué obligada por los oficiales del rey a ir a trabajar. Esto enfuerció mucho a Jonathan quien decidió poner fin a tanto dolor. ¿Cómo? No lo sabía. A su familia no la podría presentar ante su padre pues sabía que ahí mismo lo desheredaría, y eso haría imposible su misión de hablar por el pueblo. Así que, con el dolor de su alma, tuvo que abandonar a su amada y a sus dos hijos.
Ahora se escondía todos los días detrás de un árbol a la hora que sabía que Michelle iba a moler trigo al molino. A esa hora Michelle con su niña y el pequeño Johnny ya habían cumplido con su trabajo para la corona, por lo que iban juntos los tres. Jonathan se amarraba el corazón para no ir corriendo a abrazarlos y besarlos. Qué difícil era ver a sus hijos crecer sin que supieran dónde estaba su padre. Qué difícil era ver a Michelle trabajando para sacar a sus hijos adelante mientras sufría el dolor de un corazón roto. Jonathan se sentía miserable pero tenía que seguir adelante. En el palacio ya ocupaba un lugar en la corte y había presentado varios proyectos.
Pasaron tres años y Jonathan logró convertirse en cabeza de la corte real y consejero del rey. Varios de sus proyectos estaban en práctica y la gente del pueblo estaba empezando a ver una diferencia. Los niños ya no eran forzados a trabajar y la economía parecía haber mejorado. Pero Jonathan, apesar de su grandeza, todavía no olvidaba su familia clandestina que seguramente lo odiaba.
Un día Michelle iba rumbo al molino y Jonathan como de costumbre la miraba escondido detrás de un árbol. Este día Michelle iba sola pues Johnny y Ginger se habían quedado jugando con unos niños de la aldea. De pronto un hombre le salió al camino:
-ESTOYÂ HARTOÂ DEÂ TUSÂ RECHAZOS! – le reclamó a Michelle. -MEÂ VASÂ AÂ HACERÂ CASOÂ QUIERASÂ OÂ NO!-
Michelle estaba aterrorizada. No había nadie alrededor que la ayudara pues ella siempre iba al molino cuando ya no hubiera nadie para evitar escuchar las habladurías de la gente respecto al abandono de su esposo. Sin pensarlo dos veces, Jonathan se lanzó sobre el hombre y lo apuntó con su espada.
-NOÂ SEÂ ATREVA AÂ PONERLE UN DEDO ENCIMA A MI ESPOSA!!- dijo valientemente ante el asombro del hombre y de Michelle. Sin emitir palabra, el hombre salió corriendo y se fué.
-Jonathan, eres tú?- preguntó incrédula Michelle. En su traje real y con la espada desenvainada parecía un príncipe azul.
-Michelle, mi amor- fué todo lo que pudo contestar Jonathan antes de abrazarla con la fuerza que resultaba después de cinco años de soñar con este momento. Jonathan le contó toda la historia a su esposa. Su verdadera identidad y por qué había tenido que dejarla. Michelle se entristeció.
-Quiere decir que te tienes que volver a ir- dijo con la cabeza baja.
-No! Ya no te volveré a dejar- dijo Jonathan valientemente. -Después de todo ya cumplí con mis deberes con el pueblo. Ahora te llevaré ante el rey a tí y a nuestros hijos y…
-No! Eso nunca!- interrumpió Michelle. -Te echará del palacio-
Pero Jonathan la abrazó y le dijo:
-Ya no me importa. He cumplido con mi deber y ahora si para reunirme con ustedes debo renunciar a mi puesto, lo haré-
Y besando a su esposa, selló su promesa.
Autora: Andreína Mendez
Ver romances y tragedias en otras ediciones
![]() |











Dejar comentario