Mini romances: El poder del amor
En un pueblito cercano de Guadalajara vivía Ramiro De La O, un muchacho muy adinerado, que lo tenía todo, una profesión, una familia que lo amaba y deseaba a toda costa que él fuera feliz y una casa muy grande donde vivía con sus padres.
Sin embargo Ramiro tenía una espina clavada en su alma, en lo mas profundo de su corazón. Padecía de una enfermedad incurable y aunque sus padres lo habían llevado a muchos médicos, la respuesta siempre había sido la misma.
-Siento decirles señores De La O que su hijo padece una enfermedad terrible y es algo congénito. Nació con este mal y con este mal morirá.-
Sus padres se desesperaban cada día mas viendo como su hijo de tan solo veintitres años se deterioraba cada día mas. Cierta tarde, cansado de los excesivos mimos de su madre y deseando salir a respirar aire fresco, salió de su casa, no sin antes amarrarse una bufanda a su cuello y ponerse un abrigo grueso. Caminó varias horas por las avenidas de la ciudad y de repente, se detuvo ante una joyería para admirar las bellas joyas que ahí se exhibían. Notó que una muchacha no muy bonita, pero con una sonrisa cálida lo miraba y le sonreía. Ramiro se sintió atraído hacia ella aunque jamás había sabido lo que era el amor.
Su enfermedad no le había permitido ser un muchacho normal el cual sale con sus amigos a fiestas y reuniones. El nunca había tenido una novia formal. Le había gustado aquella muchacha aunque en su parecer estaba un poco pasada de peso y su rostro no era beneficiado por las enormes gafas que se veía forzada a usar por causa de una miopía avanzada.
Ramiro entró sin dudar a la joyería y la muchachita rápidamente se acercó y le ofreció ayudarlo. El por un momento sintió deseos de abrazarla, acariciarla y besarla pero se contuvo. Un poco sonrojado le dijo que solo quería preguntar cual era el precio de aquellos hermosos aretes de perla que estaban en la lujosa ventana.
Así pasaron varias semanas y diariamente Ramiro pasaba por la misma joyería y entraba con un pretexto o con otro. El sabía que el podía comprar con el dinero que tenía todas las joyas que habían ahí y que sus padres no se disgustarían, pues ellos se desvivían por complacerlo. Pero Ramiro, decidió hacer abonos para comprar aquel par de aretes de perlas poco a poco. Pensaba regalarle los aretes a aquella muchacha por la cual el se sentía atraído para la navidad. Talvez ella aceptaría cenar con él y sus padres aquellas navidades.
Cierto día, aquella inatractiva muchacha no volvió a ver a Ramiro y le extrañó muchísimo que faltando solo un abono para cancelar los lindos aretes, no hubiera regresado por ellos. Se decidió a buscar el número de teléfono en la factura del apartado y llamó a la casa de la familia De La O. La madre de Ramiro desconsolada atendió el teléfono. Le contó a la empleada de la joyería que su hijo estaba muy grave en el hospital.
Aquella buena muchacha se dió cuenta en aquel momento sobre el amor que le tenía a Ramiro y tomando los aretes los metió en una bolsita y se dirigió al hospital para entregárselos. Cuando por fin llegó, Ramiro se encontraba dormido. Ella esperó a que despertara y cuando él por fin lo hizo, ella le entregó los aretes y el depositó en sus manos su último abono para que los aretes ya fueran de él. María Inés que así se llamaba la muchacha se emocionó mucho cuando Ramiro sacó de la gabeta de la mesa de noche de su cuarto un sobre que parecía una tarjeta. Cuando ella lo abrió y leyó su contenido, la emoción le hizo brillar sus ojos.
La tarjeta decía así:
Te gustan los aretes? Son tuyos quiero que los luzcas cuando tu y yo unamos nuestras vidas ante Dios.
María Inés, lo abrazó emocionada. A partir de ese día, apenas salía del trabajo se iba al hospital a acompañar a su prometido. Tres días después entró el doctor de cabecera. Con un semblante muy sonriente dijo,
-No entiendo que ha pasado, la verdad que no entiendo nada. Pero tu sangre está completamente normal y ya no tienes el mal congénito que te ha acompañado por todo este tiempo. Manana ordenaré tu salida-
Ramiro miró a María Ines y cuando salió el doctor ambos se abrazaron tan fuertemente que cuando la noche cayó en aquel hospital solo dos siluetas se veían en medio de aquel cuarto de paredes blancas. Pocos días después la pareja desfilaba hacia el altar prometiéndose ser felices en la salud y en la enfermedad por el resto de sus vidas.
Autora: Sonia Brenes
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muy buen tema de amor
me parece muy bien que publiquen estos temas, porque son muy interesantes para todas las personas que queremos estar mejor cadad dia
dios les bendiga como puedo obtener la revista amnecer me gustaria leerla grasias mi email jibarita40@yahoo.com
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