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Mini romances: El poder del amor

14 July 2009 6,096 views

En un pueblito cercano de Guadalajara viví­a Ramiro De La O, un muchacho muy adinerado, que lo tení­a todo, una profesión, una familia que lo amaba y deseaba a toda costa que él fuera feliz y una casa muy grande donde viví­a con sus padres.

Sin embargo Ramiro tení­a una espina clavada en su alma, en lo mas profundo de su corazón. Padecí­a de una enfermedad incurable y aunque sus padres lo habí­an llevado a muchos médicos, la respuesta siempre habí­a sido la misma.

-Siento decirles señores De La O que su hijo padece una enfermedad terrible y es algo congénito. Nació con este mal y con este mal morirá.-

Sus padres se desesperaban cada dí­a mas viendo como su hijo de tan solo veintitres años se deterioraba cada dí­a mas. Cierta tarde, cansado de los excesivos mimos de su madre y deseando salir a respirar aire fresco, salió de su casa, no sin antes amarrarse una bufanda a su cuello y ponerse un abrigo grueso. Caminó varias horas por las avenidas de la ciudad y de repente, se detuvo ante una joyerí­a para admirar las bellas joyas que ahí­ se exhibí­an. Notó que una muchacha no muy bonita, pero con una sonrisa cálida lo miraba y le sonreí­a. Ramiro se sintió atraí­do hacia ella aunque jamás habí­a sabido lo que era el amor.

Su enfermedad no le habí­a permitido ser un muchacho normal el cual sale con sus amigos a fiestas y reuniones. El nunca habí­a tenido una novia formal. Le habí­a gustado aquella muchacha aunque en su parecer estaba un poco pasada de peso y su rostro no era beneficiado por las enormes gafas que se veí­a forzada a usar por causa de una miopí­a avanzada.

Ramiro entró sin dudar a la joyerí­a y la muchachita rápidamente se acercó y le ofreció ayudarlo. El por un momento sintió deseos de abrazarla, acariciarla y besarla pero se contuvo. Un poco sonrojado le dijo que solo querí­a preguntar cual era el precio de aquellos hermosos aretes de perla que estaban en la lujosa ventana.

Así­ pasaron varias semanas y diariamente Ramiro pasaba por la misma joyerí­a y entraba con un pretexto o con otro. El sabí­a que el podí­a comprar con el dinero que tení­a todas las joyas que habí­an ahí­ y que sus padres no se disgustarí­an, pues ellos se desviví­an por complacerlo. Pero Ramiro, decidió hacer abonos para comprar aquel par de aretes de perlas poco a poco. Pensaba regalarle los aretes a aquella muchacha por la cual el se sentí­a atraí­do para la navidad. Talvez ella aceptarí­a cenar con él y sus padres aquellas navidades.

Cierto dí­a, aquella inatractiva muchacha no volvió a ver a Ramiro y le extrañó muchí­simo que faltando solo un abono para cancelar los lindos aretes, no hubiera regresado por ellos. Se decidió a buscar el número de teléfono en la factura del apartado y llamó a la casa de la familia De La O. La madre de Ramiro desconsolada atendió el teléfono. Le contó a la empleada de la joyerí­a que su hijo estaba muy grave en el hospital.

Aquella buena muchacha se dió cuenta en aquel momento sobre el amor que le tení­a a Ramiro y tomando los aretes los metió en una bolsita y se dirigió al hospital para entregárselos. Cuando por fin llegó, Ramiro se encontraba dormido. Ella esperó a que despertara y cuando él por fin lo hizo, ella le entregó los aretes y el depositó en sus manos su último abono para que los aretes ya fueran de él. Marí­a Inés que así­ se llamaba la muchacha se emocionó mucho cuando Ramiro sacó de la gabeta de la mesa de noche de su cuarto un sobre que parecí­a una tarjeta. Cuando ella lo abrió y leyó su contenido, la emoción le hizo brillar sus ojos.

La tarjeta decí­a así­:

Te gustan los aretes? Son tuyos quiero que los luzcas cuando tu y yo unamos nuestras vidas ante Dios.

Marí­a Inés, lo abrazó emocionada. A partir de ese dí­a, apenas salí­a del trabajo se iba al hospital a acompañar a su prometido. Tres dí­as después entró el doctor de cabecera. Con un semblante muy sonriente dijo,

-No entiendo que ha pasado, la verdad que no entiendo nada. Pero tu sangre está completamente normal y ya no tienes el mal congénito que te ha acompañado por todo este tiempo. Manana ordenaré tu salida-

Ramiro miró a Marí­a Ines y cuando salió el doctor ambos se abrazaron tan fuertemente que cuando la noche cayó en aquel hospital solo dos siluetas se veí­an en medio de aquel cuarto de paredes blancas. Pocos dí­as después la pareja desfilaba hacia el altar prometiéndose ser felices en la salud y en la enfermedad por el resto de sus vidas.

Autora: Sonia Brenes

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3 Comments »

  • DORAIMELDAZAPATAGALINDO dijo:

    muy buen tema de amor

  • carolina orozkro dijo:

    me parece muy bien que publiquen estos temas, porque son muy interesantes para todas las personas que queremos estar mejor cadad dia

  • Anonymous dijo:

    dios les bendiga como puedo obtener la revista amnecer me gustaria leerla grasias mi email jibarita40@yahoo.com

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