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Mini tragedias: El loco

14 July 2009 4,401 views

Todos los dí­as la miraba desde la ventana de la cocina. Ella era linda, parecí­a un ángel. Tení­a el cabello largo, lacio y oscuro como el café que se tomaba todas las mañanas mientras esperaba que llegara la hora de verla.

Esteban era un hombre tí­mido y con muchos complejos. A sus 45 años todaví­a estaba soltero ya que nunca se habí­a atrevido a declarársele a ninguna muchacha. Su única “pareja” era su computadora. Esteban era muy inteligente y habí­a aprendido programación de computadoras leyendo libros y traveseando con su ordenador. Ahora tení­a un pequeño negocio por Internet que era con el que se mantení­a. A pesar de su timidez, Esteban no habí­a perdido la esperanza de poderse casar y tener hijos. Y ahora que habí­a conocido a Ariana, esa esperanza habí­a aumentado.

Habí­a sido amor a primera vista. Una mañana cualquiera y como si el destino le hubiera dicho que levantara la mirada, él habí­a mirado para afuera justo en el instante que ella pasaba por el frente de su casa. La mañana siguiente, Esteban esperaba junto a la ventana, con las persianas entre abiertas a ver si la chica pasaba de nuevo por ahí­. En efecto, la chica volvió a pasar y desde entonces se le hizo una costumbre a Esteban pararse junto a la ventana para verla pasar. Un dí­a en la tienda, él la habí­a visto con unas amigas y habí­a escuchado que la llamaban Ariana.

locoEl no sabí­a por qué Ariana pasaba todas las mañanas frente a su casa, pero sospechaba que era porque ella también lo querí­a a él. Ya que siempre que pasaba, veí­a fijamente hacia la ventana donde él estaba. De hecho la semana pasada, se les habí­an cruzado las miradas y ¡Ariana le habí­a sonreí­do! Habí­a sido una sonrisa medio tí­mida, no muy segura de querer sonreí­r. ¡Pero una sonrisa después de todo! Eso de la timidez él ya se lo sabí­a de memoria y el saber que ella también era tí­mida hasta le daba más valor para acercársele.

Esta mañana, Esteban se habí­a propuesto a ser más aventado. Ya no se esconderí­a tras las persianas entreabiertas sino que abrirí­a la ventana completamente y la saludarí­a. Toda la semana se habí­a pasado leyendo libros de cómo tener confianza en sí­ mismo y ser más extrovertido. Por primera vez en muchos años se sentí­a seguro de que podrí­a hablarle a la muchacha sin sonrojarse y sin que se le trabara la lengua. Talvez hasta la invitarí­a a un café. Entonces se conocerí­an mejor y finalmente podrí­a declarársele.

Todo estaba listo, ya habí­a abierto la ventana aunque habí­a dejado las persianas cerradas pues las querí­a abrir justo cuando ella pasara por ahí­, así­ parecerí­a una coincidencia. Le sudaban un poco las manos pero se repetí­a a sí­ mismo las palabras de aliento y confianza que habí­a estado leyendo. Además, la visión de los dos juntos le daba nuevas fuerzas.

Por estar pensando en su prometedor futuro junto a Ariana, casi se le pasa la hora. Esteban se acercó a abrir la persiana pero se detuvo de inmediato. Ariana vení­a acompañada. Su acompañante era nada mas y nada menos que un apuesto joven que la abrazaba! Los dos reí­an y se miraban como enamorados. A Esteban se le debilitaron las piernas y se le nubló la mirada. Pero a pesar de su estado de shock, logró escuchar cuando Ariana le dijo a su novio,

-Vieras que en esa casa, vive un loco-

Autora: Andreí­na Mendez

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