Mini tragedia: El billete de lotería
-Guárdalo muy bien- le dijo Saúl a su esposa Ligia. Todos los domingos compraba su billete de lotería y todos los domingos le decía lo mismo a su esposa.
Eran pobres, muy pobres. La casita de madera bastante humilde en la que vivían y unos pocos muebles era todo lo material que poseían. Pero Saúl quería salir de esa pobreza. Su sueño era poder salir adelante y ofrecerle una mejor vida a su esposa y sus cuatro hijos.
Saúl Lizano no había ido a la escuela, había llegado hasta sexto grado y de ahí se había tenido que poner a trabajar. El trabajo que tenía en la zapatería apenas le alcanzaba para comer y él quería mucho más que eso. Quería comprar una casa grande, hermosa, con piscina. Una casa donde sus hijos pudieran crecer cómodamente y convertirse en profesionales. Sus sueños eran grandes y la única manera que Saúl veía de poder hacerlos realidad era ganándose la lotería.
Ganarse la lotería. Cualquiera se podía burlar y verlo como un sueño imposible. Pero no Saúl Lizano. Todos los domingos religiosamente compraba su billete. Y un día la suerte le tocó…
-Ligia!! Ligia!!- entró Saúl gritando casi sin aliento.
-¿Qué pasa?-
-El billete de lotería! ¿Dónde está? tenemos el número premiado!!
Ligia sintió que se le debilitaron las piernas.
-E-e-el billete…eh- titubeó. -A-Ahí está donde siempre los guardamos.- La emoción no la dejaba pensar claramente.
Saúl sacó todos los billetes que tenían en la gabeta buscando con desesperación el billete premiado.
-Aquí está!!- dijo triunfante. Y después de revisar el billete junto con el períodico declaró
-Sí, efectivamente los números premiados!!!
Ligia y Saúl se abrazaron. Gritaron, brincaron, se abrazaron otra vez. Aquí empezaba una nueva vida para ellos. Irían a reclamar el premio y después irían por los niños a la escuela para darles la buena noticia. Después de beber un vaso de agua para calmar las emociones, Saúl tomó el billete y él y su esposa salieron rumbo a su nueva vida.
-Espera un momento- dijo Saúl. Sacó unos fósforos y le prendió fuego a la casa. La casita de madera se empezó a consumir con rapidez.
-¿Qué estás haciendo?!- reclamó su esposa.
-Para qué queremos esa casa vieja cuando vamos a empezar una nueva vida donde ya no nos faltará nada! NADA!!-
-Tienes razón- contestó su esposa y se abrazaron otra vez.
-Ahhh somos ricos!!!- suspiró Saúl observando su billete con ojos brillando de alegría. Una alegría que pronto se transformó en terror.
-Ligia!!!! Ligia!!!! El billete!!! El billete!!!-
-Qué pasa Saúl, me estás asustando!!-
-Este no es el billete premiado, este billete es de la semana pasada!!! El premiado se quedó adentro de la casa!!!!
Saúl y Ligia corrieron a la casa. Pero ya era muy tarde. Del billete premiado no quedaba más que sus cenizas.
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Autora: Andreína Mendez
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Jorge lee este mensaje no vaya a pasarnos a nosotros igual,creo que mientras Dios nos de salud tendremos la felicidad que queremos
yo siempre digo lo mismo que jorge lo que dios nos de ya es ganancia, y si nos sacamos la loteria alguna vezno seriamos iguales de pensamiento, es mejor estar como estamos
Hola,Dios le bendiga,pues eso pasa porque no tienen a Jesus en su corazon,hay que ser agradecido con lo que Dios les da a uno,nunca un justo se queda en sufrimiento,en esos casos hay que lebantar las manos y alabar a Dios dandoles las gracias,y el nos seguira bendiciendo.
yo pienso que esta bien porque no, el error fue quemar la casa, pues devian aberla dejado para otras personas que ni esa humilde casa tienen,y como dice el refran hay que dar para recibir.
que mula ese jorge jajajaa
eso les pasa por confiados y celebrar antes de la cuenta
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